CAPITULO V
MI VIDA EN EL CAMPO
Estilo de vida en Santa Bárbara. Distribución
del trabajo. Limitaciones
en la vida del campo. Mi infancia en Santa Barbara. Mis amigos los animales. Causales del miedo que me aterraba. La alimentación en
Santa Bárbara. La hora de Untar. Trueque de alimentos entre vecinos. Intercambio
de cosechas por alimentos. Menú tradicional en Santa Bárbara. Comidas en
navidad y otras festividades. Brindis en las Paraduras de Niño. Los siete
potajes tradición de la Semana
Santa De que hablaba la gente. La Batalla de Tovar y muerte del general Méndez. Que tocaban y cantaban en Santa Bárbara. Tu Olvido – Los Rosales.
Lo que aprendí en el camp.
El estilo de vida rural produce una cultura
adaptada
A los medios
disponibles. La vida apacible, el trabajo
Duro, la
escasez de contactos humanos debido a las
Distancias,
produce una población de gente amable,
Sin prisas, amiga de la conversación y las historias.
Estilo de vida en
Santa Bárbara
Primeramente, es necesario mencionar la
naturaleza. El beneficio de respirar aire puro en un ambiente sin contaminación,
contemplar paisajes pintorescos, ganado, bestias, animales domésticos, aves,
corrientes de agua fresca y ruidos agradables, bajo un cielo nublado unas
veces, u otras con mucho sol, donde el tiempo transcurría más despacio que en
la ciudad y se trabajaba al propio ritmo. Las relaciones entre los aldeanos
eran buenas. La gente se conocía suficientemente y se apoyaban entre sí. Era un estilo de vida tradicional y rudimentaria, más
relajada, apacible, saludable, por el contacto con la naturaleza. Las
actividades y los horarios se acomodaban a las tareas y al clima, para lograr
el mayor aprovechamiento de la luz solar.
Muchas personas de
la ciudad envidiaban la vida del campo, ya que deseaban una vida tranquila,
relajada y estar en contacto con la naturaleza. Lo que menos quieran era el
ruido, la contaminación, las prisas, pero sobre todo huirle al estrés.
Distribución del
trabajo
Generalmente, en
las fincas, el cuidado de los animales estaba a cargo de los más jóvenes, como
el pastoreo, el ordeño y la alimentación. Los cultivos en cambio, estaban a
cargo de los mayores, dependiendo del ciclo de las estaciones y del clima, que
regula el desarrollo de los cultivos y las labores de los agricultores, como la
siembra y la cosecha.
El trabajo que realizaban las personas del
campo, tales como ordeñar vacas, pastorear animales, labrar las tierras,
cultivarlas y cosecharlas; y sobre todo, exponerse a temperaturas climáticas
altas, no es soportado por personas que provenientes de la ciudad, porque el
ritmo de vida era totalmente diferente
Limitaciones en la vida del campo
En el campo no había un centro de
asistencia médica. Para consultar a un galeno, era necesario trasladar al
paciente, a pie, a caballo o en hamaca, hasta la ciudad, ubicada a varias
leguas de distancia. No había bodegas, cines, club. En esa época no había acueducto, luz eléctrica, carretera, radio ni artefactos
eléctricos y hasta 1952 no había escuela rural.
Mi infancia en Santa
Bárbara
En Santa Bárbara
pase una infancia muy bonita, con una salud relativamente buena y con mucha
alegría. Era una casa grande ubicada en un sitio pintoresco, rodeado de
paisajes hermosos, con muchas plantaciones, matas ornamentales, agua corriente,
aves y animales domésticos,
Fui el consentido
de la casa, me dieron una crianza llena cariño y me enseñaron principios,
obediencia, disciplina y trabajo. Todo lo cual es mi mayor patrimonio. Mi único
trabajo era pastorear una yegua, darle de comer a otros animales domésticos e
ir a buscar leche en casa de tío Merced, como 10 cuadras. Mi tía María Eva,
primos y amigos nos visitaban frecuentemente. Además, los domingos nos
encontrábamos en el pueblo e íbamos a misa y subíamos juntos por el camino
real.
Pescábamos
lauchas (sardinitas), en la quebrada La Chita, situado a escasos cuadras de la
casa. Mis juguetes fueron carros de
madera, y mucho ganado base de machines (frutos
de las matas de cambure con palos como patas.
Se hacían
convites con personas de la ciudad para cosechar café. En una de esa cosecha, me pico un pito en dos
partes de mi brazo derecho. También me dio
fiebre palúdica. Me hicieron remedio
Alfonsa García, una de las personas que cosechaba café. En las noches bailaban
y cantaban al son de violines, cuatros y
maracas.
Mis amigos, los animales
En la corraleja de la finca, había una yegua alazana,
colombiana, traída en una Navidad, a
pie desde Tariba, Estado Táchira, por José Tito Escalante. Era un animal muy noble
conmigo.
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En la casa también
había cinco perros. Siempre me acompañaban
a todas partes, a cualquier hora. Eran fieles y obedientes, algunos un
poco bravos Mi preferido era Hortelan, otros se llamaban káiser,
nerón, tigre y Otelo.
Una madrugada, Bernardina Morales, esposa de Tito
Escalante Morales, se le presentaron dolores de parto y me mandaron a la
“Mesa” a buscar la ``parturienta del lugar, Elba León de Morales, madre de
la parturienta.
Yo era sumamente miedoso y tenencia que pasar por
“Los” Piedrones, lugar oscuro y tenebroso, para lo cual me hice acompañar
de los perros, una linterna y un “avío”.
Precisamente en el sitio más tenebroso se quedaron cuatro perros
debido a que se me había acabado el “avío” a base de pan y queso, que lleve
para engañarlos.
Solo el fiel Ortelan me acompaño y me espero cerca de la casa de la señora
Elba, porque allí había otros perros bravos.
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En el
transcurso de mi vida, siempre he tenidos perros. En este momento tengo una
Labradora. Su nombre es ISA, quien tiene
su correo electrónico y su perfil en Facebook
Causales del miedo
que me aterraba
El miedo fue
originado por los temores que me inculcaban mis prima para no les delatara sus
querencias en El Mesón y en Los Piedrones, su lugar de encuentro. Me engañaban con piedras envueltas en papel
de carameros. Me asustan con espantos,
muertos, descabezados y brujas. Lo cual
me creo traumas hasta me fueron curados en el Ejercito, mediante psicoanálisis.
La alimentación en
Santa Bárbara
Debido a la
escasez de alimentos causada por los posteriores efectos de la Guerra Mundial, en
la aldea se preocupaban básicamente por tener en la despensa sal, fósforos,
kerosene, carburo, velas de cebo o aceite de tártago para alumbrase. Los alimentos agropecuarios se conseguían con
facilidad en la aldea. Solo escaseaban
los productos industrializados, Usábamos manteca de cerdo en vez de
aceite.
Los sábados y los domingos me iba para la casa de los Ramírez, donde mi
tía María Eva preparaba, en un caldero un perico abundante y delicioso, con
chicharrón molido, huevos, leche, cebolla, tomates, cilantro o perejil y
sal. Estos ingredientes, excepto la sal, se cultivaban y producían en la
aldea. Nos serbia una ración
acompañada con hallaquitas de maíz amarillo y café negro, con leche o
guarapo. La cantidad de comensales
era entre 12 a 15 personas.
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Otras veces, en vez de perico
había queso blanco casero, morcillas, sopa de pollo con fideos o carne
machacada y asada. En casos extremos, cuando escaseaban algunos alimentos,
untábamos cambures o plátanos sancochados con salsa picante. Generalmente,
teníamos frascos de picante a base de encurtidos de maguey, ajíes y leche. Decían
que llego “la hora de untar”.
Después de a
comida, las actividades habituales eran darle de comer a los animales, arreglar
aperos. En la tarde, la mayoría se reunía
en la Hacienda de los Atuve, donde Candelario Márquez y Leonardo Ramírez
tocaban violín y cuatro.
En general,
en la aldea Santa Bárbara que yo conocí, no sufríamos por falta de comida. La
alimentación era suficiente y variada, Los problemas eran el pan, pescado,
arroz, pastas y otros productos industrializados que eran necesario adquirirlos
en el pueblo.
Trueque de alimentos
entre vecinos
Yo conocí en
Santa Bárbara el “trueque de alimentos”. Los vecinos intercambiaban carnes de
res o de cerdo, leche y cuajada de queso por otros alimentos adquiridos en el
pueblo.
Mi tía María
Eva, mandaban a José Olivo o a Eustaquito y otro de sus hermanos, con un burro
cargado con una carga (dos sacos) de apio, para venderlos en el pueblo. Los comerciantes y en las casas de la ciudad,
solo querían pagar tres reales (Bs. 1.50) por la carga del bastimento. Ya en la
tarde, obstinados terminaban haciendo trueque en las tiendas. Generalmente recibían tres tipos de alimentos
a cambio de la carga de apio (arroz, pescado seco salado y sal).
Cuando
Eustaquito bajaba para el pueblo y pasaba por casa de mi tía Natividad Soto
Morales en a loma afuera, donde hoy vive Virgilio Escalante, ella le daba tres
reales (Bs. 1.50) para que le comprara un real de carne, otro de pescado y uno entre sal y arvejas.
Estefanía Méndez,
a mama de Nacho, decía:
“.Esa, un
real de carne me lo meto yo en una muela”
Intercambio de
cosechas por alimentos
Normalmente,
los agricultores pedían “fiado” víveres en las tiendas ubicadas en las cuatro
esquinas del Topón: Manuel Paredes, Eliseo Molina, Francisco Angulo, Pantaleón
Urrea y otros comerciantes receptores de
café lavado, quienes les iban anotando los mercados. Al recolectar las cosechas, los productores se las
entregaban a los fiadores, quienes le sacaban las cuentas y les entregaban el
remanente en efectivo, que generalmente no alcanzaba para mucho, tal vez para
comprar unas telas en el almacén, tomarse algunos miches o hacer un mercado
modesto. Y así, sucesivamente se repetía el proceso.
Menú tradicional en
Santa Bárbara
Desayunos: Huevos fritos en manteca de cerdo, huevos tibios
(sancochados), perico con chicharrón, sardina guisada con vegetales, carne
machacada asada o mechada, cuajada, morcillas y chorizos
Almuerzos: Sopas de arvejas, frijoles, garbanzos, fideos, cuchute
(crema de garbanzos), carne frita o asada, picante de leche con maguey ají, pescado
seco, bocachico y arroz, carne de cacería (picure, pava, lapa, etc.), sobre todo
donde la familia Morales León,
Puntales
(Meriendas): Pan dulce o salado, queso, café
con leche, pastelitos y hasta chocolate caliente
Cenas: Arepas de maíz (en cuartos), carne frita, arroz, mazamorra
de maíz y atoles.
Guarniciones: Arepa de maíz y de trigo, cambures y plátanos verdes
sancochados, maduros (plátanos), sancochados o fritos, yuca sancochada o frita,
ñame, ocumo, apio, papas fritas, sancochadas o en puré, arroz y vegetales.
Postres: Jugos de frutas (guanábana, cambur, lechosa, naranja), agua
miel, café negro, chicha andina, arroz con coco.
Platos en ocasiones
especiales: Mechado, macarrones, arroz, encurtidos de maguey,
ensaladas de papas, zanahoria, remolacha y huevos cocidos, con cebolla morada y
tomate manzano, ensaladas de palmito.
Comidas en navidad
y otras festividades
En las
Paraduras de Niño, Navidad, Semana Santa, romerías, demás festividades y en
ocasiones especiales, En unas casas más
que en otras. Las familias, de acuerdo con sus posibilidades, botaban a casa por la ventana.
Hallacas
andinas cocidas en crudo (carne de res, cerdo y gallina), con garbanzos, carabinas
de carne con picante (en Trujillo las
hace con caraotas), dulces de lechosa, toronja, guayaba, cabello de ángel, chayota,
buñuelos de yuca o apio, higos rellenos en almíbar de panela o.
Brindis en las Paraduras de Niño.
Vermouht, miche y
leche de burra; bizcochuelo, gelatina y natillas.
Algunas familias
servían comidas a los visitantes y a los músicos.
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Los siete potajes tradición de la Semana Santa (1)
La costumbre de los siete
potajes, servidos en el almuerzo del jueves Santo, donde el encuentro familiar
serbia de contexto a una tradición andina que prosigue su viaje en el tiempo.
Entre las preparaciones para
agasajar a los huéspedes en la Semana Santa, destacaban el pan criollo, la
arepa de trigo y el la tasa de chocolate caliente, preparada dulce o cerrera,
con leche.
Sopa, arroz, macarrones, pescado, ensalada, torta y dulce, eran en general, las preparaciones del tradicional banquete que
antecedía al ayuno y abstinencia, que rememora la crucifixión de Jesús de
Nazareth, figura central del cristianismo.
Frutos silvestres, Abundaban las plantas y los frutos silvestres, los cuales podíamos
recolectar y comer sin ninguna privación, tales como: Guamas en los cafetales,
caimitos en la vega del Mocoties, naranjas, cambures maduros, aguacates.
Limones, guanábanas, piñas, caña dulce
Alimentos usados como remedios caseros: Naranja agria asada para curar hematomas de golpes y
heridas en la piel y café negro molido para curar heridas.
De que hablaban en
Santa Barbara.
En Santa
Bárbara no había radio, carretera, luz, acueducto, ni artefactos eléctricos.
Don
Eustaquio Ramirez se quedaba en Tovar, los fines de semana, conversando con Don Manuel Altuve, padre. Don Manuel le refería las noticias
procedentes de Europa, referentes a la II Guerra Mundial que recién había
terminado (en 1945). Le comentaba los acontecimientos de la política
Venezolana, y otros temas generales. De esta manera, Don Eustaquio mantenía
informados a los vecinos sobre las noticias recibidas en la ciudad
Las
conversaciones de Don Eustaquio resultaban muy amenas, puesto que manejaba muchos conocimientos y una cultura general
admirable. Era muy respetable, aun cuando no era un letrado. Yo recuerdo que
cantaba décimas y romances, géneros de la composición literaria son muy
difíciles para muchas personas.
Don
Eustaquio y otras personas mayores comentaban los sucesos relacionados con el
paso de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez con la Revolución Liberal
Restauradora en agosto de 1899. Con lujo
de detalles resaltaban las hazañas de la Batalla de Tovar, donde perdió la vida
el héroe Tovareño General José María Méndez. Hacían chistes sobre quienes se
ocultaban en la montaña para evitar que los reclutaran.
La Batalla de Tovar
y muerte del General Méndez.
“El hecho histórico más importante para
el pueblo Tovareño, en el cual sus hijos de aquella época demostraron sus
valores de bravura, tenacidad y valentía sin par, ocurrió el 6 de agosto de
1899, cuando se produjo la Batalla de Tovar, en la que se enfrentaron las
tropas del gobierno que presidía el general Ignacio Andrade, al mando del
general Rafael González, y las tropas del general Cipriano Castro
dirigidas por el general José María Méndez”.
La Batalla se inició a las 5 y 40
de la mañana y culminó pocas horas más tarde, a las 8 y 10 minutos, con un
total de 83 muertos y 135 heridos. “Aquel histórico día es una inolvidable
página militar y guerrera de Tovar”. En
el enfrentamientos, murió el general Méndez, héroe de Tovar, figura ejemplar
para las generaciones pasadas y futuras de tovareños”. (Prensa OCI/Horacio
Rondón).
Frente a la entra al Coliseo de Tovar,
hay un monumento que recuerda esa gran batalla y en honor al espíritu imperecedero
del valiente General Jose María Mendaz
Que tocaban y cantaban
en Santa Bárbara.
En Santa
Bárbara se tarareaban las canciones que se escuchaban en las rocolas de El
Topón, de donde el cojo Isidro Plaza, esposo de María Morales León, y en los
negocios de La Añil
En las
paraduras de niño, los músicos tocaban y cantaban aguinaldos, decimas y
romances, acompañados por violines y
cuatros. A veces había otros
instrumentos, como guitarras y maracas, Don Eustaquio Ramírez improvisaba
decimas y cantaba romances.
Eusebio
Márquez, el padre de Cristina Márquez, imitaba
al conocido cantante apureño Ángel Custodio Loyola. También cantaba las primeras canciones de
Jorge Negrete, quien estaba de moda.
Cuando
Candelario Márquez, llego a Santa Bárbara tocaba violín y cuatro. Leonardo
Ramírez Escalante siguió sus pasos y también aprendió a tocar ambos
instrumentos. Ellos no podían faltar en
las reuniones o fiestas que se presentaban en la aldea. Ellos tocaban
“punteando” en un cuatro la canción mexicana Adelaida de Las Jilguerillos (el
barco ligero), acompañado con otro cuatro.
(Ellos decían “pajueliado” en vez de punteado), Yo aprendí, de oído a afinar y puntear el
cuatro con esa canción, escuchándolo a ellos. Tenían un extenso repertorio.
Candelario Márquez se caso con Ana Hilda, la hija de Julia García.
Los jóvenes,
motivados por estos músicos, incursionaron en la ejecución de esos
instrumentos, el cuatro sobre todo. José
Tito Escalante tocaba el cuatro y cantaba los Rosales, cuya letra la transcribo
a continuación:
TU OLVIDO – LOS ROSALES
(Tango-Vals)
Compositor: Vicente Spina, guitarrista y compositor
argentino
(Nació en Buenos Aires el 7 de julio de 1899 y falleció
allí mimo el 11 de septiembre de19959
I
Han brotado otra vez los rosales,
Junto al muro del viejo jardín,
Donde mi alma sello un juramento,
Amor de un
momento, que llora su fin.
II
Tierno llanto de amor fuera el tuyo,
Que en tus ojos divinos yo vi,
Ojos falsos que así me engañaron
Al ver que lloraban los míos por ti.
III
Mas los años que al pasar
Me hicieron comprender la triste realidad;
Que tan solo es ilusión
Lo que amamos de verdad.
IV
Sin embargo, cuando en los rosales
Renacen las flores,
Los viejos amores con sus madrigales
Guardan como entonces a mi corazón.
V
Cuando vuelvan las noches de invierno,
Y se cubra de nieve el jardín;
Si esta triste sabrás recordarte,
De aquel que al amarte no supo mentir.
VI
No es mi canto un reproche a tu olvido,
Ni un consuelo te vengo a pedir,
Solo al ver el rosal florecido,
El sueño perdido lo vuelvo a vivir
Repetir los versos III y IV.
Los trabajadores y adolescentes nos
reuníamos, hasta tarde la noche, en la
Hacienda de Los Altuve, para conversar, tocar, cantar y jugar.
En el campo aprendí:
·
A
compartir lo que tengo
·
A
respetar a los demás
·
A
confiar en Dios
·
A
soñar en grande
·
A
trabajar por mis sueños
·
A
agradecer lo que tengo
·
A
trabajar en lo que me gusta
·
A
mascar y escupir chimú
·
A
tomar y beber guarapo fuerte, miche tipio zupia, agua miel, café cerrero, agua de tinaja y de
cascada.
·
Aprendí
que los burros comían cambures, los pájaros cambures maduros y las gallinas
arena.
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