martes, 30 de enero de 2018

Capitulo XI. Desarrollo Economico y Cultural



CAPITULO XI
 DESARROLLO ECONOMICO CULTURAL
El trapiche. Los aserradores. Creación de la Escuela Rural Unitaria Santa Bárbara. Graduación de tercer grado. Mi primera crisis económica y social. La Carta que me llevaría nuevamente a Caracas. Envió de la carta que cambiaría mi vida.
Recordar es revivir todos aquellos momentos que causaron
 Un impacto significativo en nuestras vidas,
 Y a pesar de que muchas veces los recuerdos 
No siempre son de alguna etapa feliz en nuestra vida
 Igual podemos revivir algunos momentos 
Que nos llenaron de felicidad.

Desarrollo económico y cultural
Durante el año 1952, tío Merced instalo, en su hacienda, un trapiche.  Con la ayuda de “convites” subieron la maquinaria desde el pueblo. El motor era de gasoil, marca International. Fue un técnico a instalarlo y un maestro para construir la parrilla y las calderas de cobre que fueron elaboradas en la sitio.  Se comenzó  la siembra intensiva de caña de azúcar, en todas las fincas de la aldea y se inicio la producción de “panela”.
Al mismo tiempo. Tío Merced contrato a varios aserradores de madera, mi primo Leonardo Ramírez, José (Joseon) y Antonio Contreras, entre otros, expertos aserradores del Paramo de Mariño para producir en forma intensiva, tablas y listones de madera en la montaña del morro. 
Ellos se desayunaban, en la casa de la finca, a las 5:30 am, con cuartos de arepas de maíz amarillo, carne de res o de cerdo frito y café negro. Yo el  era encargado de llevarles el almuerzo, montado en una yegua. La comida consistía en sopa de arvejas, de garbanzos o de gallina,  carne, cerdo frita o asada, o un pescado boca chico por persona, verduras de guarnición y guarapo de papelón con limón. Les dejaba para el “puntal” (merienda), pan dulce con café negro. 
Regresaban a las 5:30 pm. Cenaban con  mazamorra y arepas de maíz amarillo, con queso o cuajada. A veces servían arroz con frijoles frito.

LA PRIMERA ESCUELA DE SANTA BARBARA
La Escuela Santa Bárbara inicio sus actividades en el corredor de la casa vieja de abajo, propiedad de Don José Merced Escalante. Él estaba construyendo la nueva sede la Escuela, cerca del trapiche.
 
Creación de la Escuela Rural Unitaria “Santa Bárbara”
 Paralelamente, José Merced, quien para esa época era juez de aldea y líder nato de la zona, viajo a Mérida, donde se entrevistó con el Gobernador del Estado, el Teniente-Coronel Alberto Paoli Chalbaud (1952-53) y el Representante del Ministerio de Educación. Logro la autorización y el presupuesto para instalar en su hacienda, una Escuela Unitaria.
Se inició la construcción de la primera sede. José Merced era experto en la construcción de casas de madera, techo de paja y paredes de bareque. Le ayudaban algunos vecinos de la aldea.

Su primera maestra fue Teresa Morales, nativa de Santa Cruz de Mora, quien venía los lunes en la mañana y regresaba los viernes en la tarde. 
Yo fui uno de los primeros alumnos, estudie tercer grado con mi primo José Olivo Ramírez Escalante, que también había aprobado el segundo grado en Tovar. Los demás alumnos estudiaban el primer grado. Fue un año estupendo.
La primera promoción de alumnos de primer grado, y dos alumnos de tercero para cuarto, conto con bastantes alumnos, unos eran hermanos, primos o vecinos del lugar, entre ellos estaban Eustaquio, Mauro y Luis Mariano Ramírez Escalante, Carmen Hernández, los hijos de Luis González, las hijas de Macario Morales, las de Julia García, de Pedro Arellano, Antoninasio Rosales, Rosa Soto, entre otros.
La maestra ponía a los de tercer grado a hacer competencias sobre todo en geografía, castellano, aritmética e historia. Lo cual permitió que los otros alumnos obtuvieran conocimientos avanzados en forma adelantada.  José Olivo y yo, nos vimos obligados a estudiar bastante, de noche, con la luz de velas o lámparas de kerosene, gasolina o carburo. Lo cual fortaleció nuestros  conocimientos. Cristina Márquez, alumna aventajada de la primera promoción, llego a ser maestra de esa escuela

Graduación de tercer grado
El día de la graduación, fue una gran cantidad de invitados, representantes de las fuerzas vivas, de Tovar, Santa Cruz de Mora y de Ministerio de Educación. 
A la hora de firmar las boletas de  promoción, uno de los maestros integrantes del jurado, me pidió prestada la pluma referida anteriormente.  A la final la pluma se extravió. Llore desconsoladamente, y mi tío José Merced, muy disgustado,  dijo en voz alta la siguiente frase.
-Hay muchos que vienen al son y otros a sorbetón. Haciendo un movimiento con las manos con indicando que se la habían robado. Pero la pluma no apareció.

Aquella, “Escuela Unitaria Santa Bárbara”, actualmente se llama “Escuela Básica Santa Bárbara“ y funciona en una sede, muy bien acondicionada con infraestructura de primer orden.
José Olivo continúo estudiando la primaria en Tovar.  Yo no pude continuar estudiando. Me ocupaba de labores propias de campo. Miraba a los demás muchachos cuando iban y regresaban de la escuela. Aquello me abrumaba de tristeza.
Tiempo después, me volvieron a llevar para Caracas, y en enero empecé a estudiar el cuarto grado en la Escuela Migue Antonio Caro.  Pero solo estudie hasta abril, cuando me fui de la casa de mi mama.  El resto de la primaria lo estudie por Libre Escolaridad en el Concejo Técnico del Ministerio de Educación.

Mi primera crisis económica y social
En Santa Bárbara, pase parte de mi adolescencia.  Trabaje duro en faenas propias del campo.  Sembrando y arrancando yuca, cortando y transportando caña, rozando poteros, paliando y limpiando cafetales, buscando verduras y haciendo mandados... Pasaba unas temporadas en la finca de Santa Bárbara, otras veces donde tía María Eva y otras veces en la hacienda de mi tío Merced. Por esta circunstancia, el sr. Eustaquio Ramírez, esposo de tía María Eva, me llamaba “gitano”.

A todas estas, toda mi ropa se había deteriorado, no tenía calzado, usaba alpargatas, algunas veces andaba descalzo. No tenia quien me lavara y cosiera mi escasa ropa, sin dinero ni ayuda de nadie. Solo los domingos me daban propinas en el pueblo.  Muchas veces en especie como un vaso de chicha, horchata, pastelitos o paledonias. Si era efectivo no pasaba de un bolívar de plata.  Casi siempre los tíos me daban medio.
Mi papa no me tomaba en cuenta, puesto que me había negado como hijo suyo.  Jamás se lo perdone. A el y a mis hermanos solo los veía, como un resplandor, en las navidades.  Ellos eran protegidos de la familia Soto, y yo era el pupilo de las familias Escalante y Ramírez. Por eso siempre considere que mi verdadera madre fue mi nona Aracelis Escalante, en su ausencia, tía María Eva Escalante de Ramírez, quienes más me consintieron.  En cuanto a mi tío Tito, lo considere mi verdadero padre, además era mi padrino de confirmación.
Mis padres solo pasaban por mi mente como una necesidad de tenerlos cerca como los demás niños. Pero no los sentía como tales, de vez en cuando su recuerdo fue un primor.

La Carta que me llevaría nuevamente a Caracas
Una noche de octubre de 1953, tío Merced, viendo mi situación caótica, y  en un acto de comprensión y solaridad, me hizo el más grande favor de la vida.  Llamo a su hija, Cristina Márquez, mi prima y novia desde la niñez cuando nos sentaban juntos a comer. Nos mandó  sentar a la mesa del comedor.  Le dijo a Cristina que trajera su pluma fuente y papel para hacerle una carta a mi mama que estaba en Caracas. Cristina trajo un pliego de papel para hacer exámenes.
Empezó a dictar, con voz alta y autoritaria, la carta, en los términos más duros que alguien se pueda imaginar, de manera que yo escuchara.  Pero no dejo que yo la escribiera, por malicia de que fuera a poner cosas diferentes a las que el dictaba.  El era analfabeto, pero con una inteligencia, que José Olivo Ramírez, me dijo una vez nuestro tío Merced fue uno de los últimos hombre semejantes a los que llevaron a cabo la Revolución Liberal Restauradora de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez en 1899.
Cristina ya iba para el tercer grado.  La misiva fue redactada por ella, de una forma tan emotiva y profesional, aun cuando era una niña de mi edad,  Muchos años después, tuvimos la oportunidad de analizar la carta que fue escrita en los siguientes términos.  Es de advertir que con esta carta mi madre me torturaba.
 

 “Santa Bárbara, Tovar, Estado Mérida, 20 de octubre de 1953.
Señora María Aracelis Escalante Morales.
Cine Venezuela
Avenida Sucre, Caracas,

En sus manos.

La presente es para saludar, deseándole que este bien y al mismo tiempo para exponerle lo siguiente con toda mi mayor franqueza, coraje y con la autoridad que me da el hecho de ser su hermano mayor.
Mujer, no sea usted tan irresponsable.  Ocúpese por amor a Dios de sus tres hijos varones especialmente de Rafael Ángel quien anda por acá, casi descalzo, sin ropa, sin casa y  sin destino, teniendo una madre que es capaz de cubrirle sus necesidades ni darle cariño y educación que el se merece.  Nosotros, acá en el campo,  lamentablemente no podemos darle los estudios como yo quisiera. Pero el tiene una madre, y por tanto, le ruego encarecidamente, por el amor de nuestra madre, que en paz descanse, que venga ahora en navidad y se lleve al muchacho, porque aquí va a llegar a ser un don nadie, un alcohólico y quien sabe que cosa, todo por culpa suya.
Además, en navidad vienen sus otros dos hijos Fidel y José Domingo a visitar a la familia, y quien quita que tengan la oportunidad de conocerse, porque usted los dejo abandonados, de dos y un año, a las buenas del taita.  Ellos ya son unos hombrones que quieren conocerla y saber de usted. Así es que la esperamos ahora en diciembre  Nos dará mucho gusto saber que Rafaelito, con su apoyo encontrara el rumbo que Dios le tenga reservado, para su bienestar y la felicidad que usted no le ha sabido dar.
Sin más por el momento, la espero en la navidad. ¡No haga que yo vaya a buscarla!
José de la Merced Escalante Morales,
Juez de Aldea”

Una vez terminada, la hizo leer tres veces en voz alta, para ver si Cristina había escrito las ideas que el le había dictado.  Su esposa, Claudia Molina  y sus hermanos Octavio y Victoria, además de una hija de Rosario Molina, les gusto el texto y reprobaron la actitud de la destinataria.

Envió de la carta que cambiaría mi vida
Al día siguiente, muy temprano, tío Merced se monto en una mula y bajo al pueblo.  Hablo  con su cuñado Eliseo Molina, quien aparte del comercio que tenía en el Topón, también manejaba una camioneta ranchera de pasajeros que a veces viajaba para Caracas.  Le entrego la carta con el pedimento que la entregara en las propias manos de mi mama y en presencia de un  o dos testigos, los cuales fueron el señor Chacón y su esposa Aura, encargado y taquillera del Cine Venezuela, respectivamente.
Así seria el impacto y efecto real que produjo aquella carta, que mi madre se presentó en navidad de 1953 a buscarme, y  a la vez se llevo a mi hermano José Domingo, quien al saber que la habían mandado a buscar, se le fugo a mi papa y se estuvo en Santa Barba, esperándola para conocerla.
Yo realmente no quería irme otra vez  con ella, pero Cristina y mis tíos Tito, María Eva, y otras personas me entusiasmaron para que me fuera otra vez para Caracas.
Mi primo José Olivo le dijo a mama, si Rafael Ángel no quiere irse, lléveme a mi, que yo si me quiero ir a estudiar en Caracas. .
El Día de Reyes, 6 de enero de 1954, partimos para Caracas.  Las despedidas fueron menos dolorosas que la primera vez. Sin embargo, algunas despedidas individuales de mis primos y amigos fueron bastante emotivas. No recuerdo en absoluto como fue el viaje desde Tovar hasta Caraca, tal vez porque venia acompañado de mi hermano José Domingo. Pero al llegar a Caracas empezó Cristo a padecer. Ya verán en el próximo capitulo.

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