CAPITULO XI
DESARROLLO ECONOMICO CULTURAL
El trapiche. Los aserradores. Creación
de la Escuela Rural Unitaria Santa Bárbara. Graduación de tercer grado. Mi
primera crisis económica y social. La Carta que me llevaría nuevamente a
Caracas. Envió de la carta que cambiaría mi vida.
Recordar es revivir
todos aquellos momentos que causaron
Un impacto significativo en nuestras vidas,
Y a pesar de que muchas veces los
recuerdos
No siempre son de alguna
etapa feliz en nuestra vida
Igual podemos revivir algunos momentos
Que nos llenaron de
felicidad.
Desarrollo económico y cultural
Durante el año 1952, tío Merced instalo, en su hacienda,
un trapiche. Con la ayuda de “convites”
subieron la maquinaria desde el pueblo. El motor era de gasoil, marca
International. Fue un técnico a instalarlo y un maestro para construir la
parrilla y las calderas de cobre que fueron elaboradas en la sitio. Se comenzó
la siembra intensiva de caña de azúcar, en todas las fincas de la aldea
y se inicio la producción de “panela”.
Al mismo tiempo. Tío Merced contrato a varios aserradores
de madera, mi primo Leonardo Ramírez, José (Joseon) y Antonio Contreras, entre
otros, expertos aserradores del Paramo de Mariño para producir en forma
intensiva, tablas y listones de madera en la montaña del morro.
Ellos se desayunaban, en la casa de la finca, a las 5:30
am, con cuartos de arepas de maíz amarillo, carne de res o de cerdo frito y
café negro. Yo el era encargado de
llevarles el almuerzo, montado en una yegua. La comida consistía en sopa de
arvejas, de garbanzos o de gallina,
carne, cerdo frita o asada, o un pescado boca chico por persona,
verduras de guarnición y guarapo de papelón con limón. Les dejaba para el
“puntal” (merienda), pan dulce con café negro.
Regresaban a las 5:30 pm. Cenaban con mazamorra y arepas de maíz amarillo, con
queso o cuajada. A veces servían arroz con frijoles frito.
LA PRIMERA ESCUELA
DE SANTA BARBARA
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La
Escuela Santa Bárbara inicio sus actividades en el corredor de la casa
vieja de abajo, propiedad de Don José Merced Escalante. Él estaba
construyendo la nueva sede la Escuela, cerca del trapiche.
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Creación de la Escuela Rural Unitaria “Santa Bárbara”
Paralelamente, José
Merced, quien para esa época era juez de aldea y líder nato de la zona, viajo a
Mérida, donde se entrevistó con el Gobernador del Estado, el Teniente-Coronel
Alberto Paoli Chalbaud (1952-53) y el Representante del Ministerio de Educación.
Logro la autorización y el presupuesto para instalar en su hacienda, una
Escuela Unitaria.
Se inició la construcción de la primera sede. José Merced
era experto en la construcción de casas de madera, techo de paja y paredes de
bareque. Le ayudaban algunos vecinos de la aldea.
Su primera maestra fue Teresa Morales, nativa de Santa
Cruz de Mora, quien venía los lunes en la mañana y regresaba los viernes en la
tarde.
Yo fui uno de los primeros alumnos, estudie tercer grado
con mi primo José Olivo Ramírez Escalante, que también había aprobado el
segundo grado en Tovar. Los demás alumnos estudiaban el primer grado. Fue un
año estupendo.
La primera promoción de alumnos de primer grado, y dos
alumnos de tercero para cuarto, conto con bastantes alumnos, unos eran
hermanos, primos o vecinos del lugar, entre ellos estaban Eustaquio, Mauro y Luis
Mariano Ramírez Escalante, Carmen Hernández, los hijos de Luis González, las
hijas de Macario Morales, las de Julia García, de Pedro Arellano, Antoninasio
Rosales, Rosa Soto, entre otros.
La maestra ponía a los de tercer grado a hacer
competencias sobre todo en geografía, castellano, aritmética e historia. Lo
cual permitió que los otros alumnos obtuvieran conocimientos avanzados en forma
adelantada. José Olivo y yo, nos vimos obligados
a estudiar bastante, de noche, con la luz de velas o lámparas de kerosene,
gasolina o carburo. Lo cual fortaleció nuestros
conocimientos. Cristina Márquez, alumna aventajada de la primera promoción,
llego a ser maestra de esa escuela
Graduación de tercer grado
El día de la graduación, fue una gran cantidad de
invitados, representantes de las fuerzas vivas, de Tovar, Santa Cruz de Mora y
de Ministerio de Educación.
A la hora de firmar las boletas de promoción, uno de los maestros integrantes del
jurado, me pidió prestada la pluma referida anteriormente. A la final la pluma se extravió. Llore
desconsoladamente, y mi tío José Merced, muy disgustado, dijo en voz alta la siguiente frase.
-Hay muchos que vienen al son y otros a sorbetón.
Haciendo un movimiento con las manos con indicando que se la habían robado.
Pero la pluma no apareció.
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Aquella, “Escuela Unitaria Santa Bárbara”, actualmente se llama
“Escuela Básica Santa Bárbara“ y funciona en una sede, muy bien
acondicionada con infraestructura de primer orden.
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José Olivo continúo estudiando la primaria en Tovar. Yo no pude continuar estudiando. Me ocupaba
de labores propias de campo. Miraba a los demás muchachos cuando iban y
regresaban de la escuela. Aquello me abrumaba de tristeza.
Tiempo después, me volvieron a llevar para Caracas, y en
enero empecé a estudiar el cuarto grado en la Escuela Migue Antonio Caro. Pero solo estudie hasta abril, cuando me fui
de la casa de mi mama. El resto de la
primaria lo estudie por Libre Escolaridad en el Concejo Técnico del Ministerio
de Educación.
Mi primera crisis económica y social
En Santa Bárbara, pase parte de mi adolescencia. Trabaje duro en faenas propias del
campo. Sembrando y arrancando yuca,
cortando y transportando caña, rozando poteros, paliando y limpiando cafetales,
buscando verduras y haciendo mandados... Pasaba unas temporadas en la finca de
Santa Bárbara, otras veces donde tía María Eva y otras veces en la hacienda de mi
tío Merced. Por esta circunstancia, el sr. Eustaquio Ramírez, esposo de tía María
Eva, me llamaba “gitano”.
A todas estas, toda mi ropa se había deteriorado, no tenía
calzado, usaba alpargatas, algunas veces andaba descalzo. No tenia quien me
lavara y cosiera mi escasa ropa, sin dinero ni ayuda de nadie. Solo los
domingos me daban propinas en el pueblo.
Muchas veces en especie como un vaso de chicha, horchata, pastelitos o
paledonias. Si era efectivo no pasaba de un bolívar de plata. Casi siempre los tíos me daban medio.
Mi papa no me tomaba en cuenta, puesto que me había
negado como hijo suyo. Jamás se lo
perdone. A el y a mis hermanos solo los veía, como un resplandor, en las
navidades. Ellos eran protegidos de la
familia Soto, y yo era el pupilo de las familias Escalante y Ramírez. Por eso
siempre considere que mi verdadera madre fue mi nona Aracelis Escalante, en su
ausencia, tía María Eva Escalante de Ramírez, quienes más me consintieron. En cuanto a mi tío Tito, lo considere mi
verdadero padre, además era mi padrino de confirmación.
Mis padres solo pasaban por mi mente como una necesidad
de tenerlos cerca como los demás niños. Pero no los sentía como tales, de vez
en cuando su recuerdo fue un primor.
La Carta que me llevaría nuevamente a Caracas
Una noche de octubre de 1953, tío Merced, viendo mi
situación caótica, y en un acto de
comprensión y solaridad, me hizo el más grande favor de la vida. Llamo a su hija, Cristina Márquez, mi prima y
novia desde la niñez cuando nos sentaban juntos a comer. Nos mandó sentar a la mesa del comedor. Le dijo a Cristina que trajera su pluma
fuente y papel para hacerle una carta a mi mama que estaba en Caracas. Cristina
trajo un pliego de papel para hacer exámenes.
Empezó a dictar, con voz alta y autoritaria, la carta, en
los términos más duros que alguien se pueda imaginar, de manera que yo
escuchara. Pero no dejo que yo la
escribiera, por malicia de que fuera a poner cosas diferentes a las que el
dictaba. El era analfabeto, pero con una
inteligencia, que José Olivo Ramírez, me dijo una vez nuestro tío Merced fue
uno de los últimos hombre semejantes a los que llevaron a cabo la Revolución
Liberal Restauradora de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez en 1899.
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Cristina ya iba para el tercer grado.
La misiva fue redactada por ella, de una forma tan emotiva y
profesional, aun cuando era una niña de mi edad, Muchos años después, tuvimos la
oportunidad de analizar la carta que fue escrita en los siguientes
términos. Es de advertir que con
esta carta mi madre me torturaba.
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“Santa Bárbara,
Tovar, Estado Mérida, 20 de octubre de 1953.
Señora María Aracelis Escalante Morales.
Cine Venezuela
Avenida Sucre, Caracas,
En sus manos.
La presente es para
saludar, deseándole que este bien y al mismo tiempo para exponerle lo siguiente
con toda mi mayor franqueza, coraje y con la autoridad que me da el hecho de
ser su hermano mayor.
Mujer, no sea usted
tan irresponsable. Ocúpese por amor a
Dios de sus tres hijos varones especialmente de Rafael Ángel quien anda por
acá, casi descalzo, sin ropa, sin casa y
sin destino, teniendo una madre que es capaz de cubrirle sus necesidades
ni darle cariño y educación que el se merece.
Nosotros, acá en el campo,
lamentablemente no podemos darle los estudios como yo quisiera. Pero el
tiene una madre, y por tanto, le ruego encarecidamente, por el amor de nuestra
madre, que en paz descanse, que venga ahora en navidad y se lleve al muchacho,
porque aquí va a llegar a ser un don nadie, un alcohólico y quien sabe que
cosa, todo por culpa suya.
Además, en navidad
vienen sus otros dos hijos Fidel y José Domingo a visitar a la familia, y quien
quita que tengan la oportunidad de conocerse, porque usted los dejo
abandonados, de dos y un año, a las buenas del taita. Ellos ya son unos hombrones que quieren
conocerla y saber de usted. Así es que la esperamos ahora en diciembre Nos dará mucho gusto saber que Rafaelito, con
su apoyo encontrara el rumbo que Dios le tenga reservado, para su bienestar y
la felicidad que usted no le ha sabido dar.
Sin más por el momento,
la espero en la navidad. ¡No haga que yo vaya a buscarla!
José de la Merced Escalante Morales,
Juez de Aldea”
Una vez
terminada, la hizo leer tres veces en voz alta, para ver si Cristina había
escrito las ideas que el le había dictado.
Su esposa, Claudia Molina y sus hermanos
Octavio y Victoria, además de una hija de Rosario Molina, les gusto el texto y reprobaron
la actitud de la destinataria.
Envió de la carta que cambiaría mi vida
Al día siguiente, muy temprano, tío Merced se monto en
una mula y bajo al pueblo. Hablo con su cuñado Eliseo Molina, quien aparte del
comercio que tenía en el Topón, también manejaba una camioneta ranchera de
pasajeros que a veces viajaba para Caracas.
Le entrego la carta con el pedimento que la entregara en las propias
manos de mi mama y en presencia de un o
dos testigos, los cuales fueron el señor Chacón y su esposa Aura, encargado y
taquillera del Cine Venezuela, respectivamente.
Así seria el impacto y efecto real que produjo aquella carta,
que mi madre se presentó en navidad de 1953 a buscarme, y a la vez se llevo a mi hermano José Domingo,
quien al saber que la habían mandado a buscar, se le fugo a mi papa y se estuvo
en Santa Barba, esperándola para conocerla.
Yo realmente no quería irme otra vez con ella, pero Cristina y mis tíos Tito, María
Eva, y otras personas me entusiasmaron para que me fuera otra vez para Caracas.
Mi primo José Olivo le dijo a mama, si Rafael Ángel no
quiere irse, lléveme a mi, que yo si me quiero ir a estudiar en Caracas. .
El Día de Reyes, 6 de enero de 1954, partimos para
Caracas. Las despedidas fueron menos
dolorosas que la primera vez. Sin embargo, algunas despedidas individuales de
mis primos y amigos fueron bastante emotivas. No recuerdo en absoluto como fue
el viaje desde Tovar hasta Caraca, tal vez porque venia acompañado de mi
hermano José Domingo. Pero al llegar a Caracas empezó Cristo a padecer. Ya
verán en el próximo capitulo.
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