martes, 30 de enero de 2018

Capitulo VI. Relatos de mi Infancia



CAPITULO VI
RELATOS DE MI INFANCIA

Quienes sabían leer y escribir. El escribano. El matrimonio de Imelda. Ambiente profundamente religioso las paraduras de niño. Como pintaban las casas. Enfermedades y tratamientos médicos - el Dr. Araujo de San José de Acequias. Mis enfermedades. La carrera de autos más larga de la historia. Personas conocidas en la ciudad de Tovar. Ganado, bestias, animales domésticos y cacería en Santa Bárbara.

“Se sabe que el medio humano que rodea a alguien,
Durante los primeros años de su vida, este o no
Formado  por quienes tienen vínculos de parentesco,
Ocasiona impactos casi indelebles  y que seguramente
Influirán  en grado  importante en el futuro de esa persona”

Polanco Alcántara, Tomas
(Aproximación a una Biografía Grijalbo, Prologo)

Quienes sabían leer y escribir.
Yo vivía en la prehistoria, pues a los 9 años de edad no conocía ni la “o” por lo redondo. En la aldea no había escuela. Las únicas personas que sabían leer y escribir fueron las siguientes:
·         Ana Hilda Márquez, que vivía cerca de la finca de Don Eustaquio Ramírez. Su papa, Eusebio Márquez, se la llevo para San Cristóbal.
·         Mi prima Ismelda Escalante Soto, Al casarse con Sacramento Méndez, se mudó para el pueblo.
·         Víctor Cetreras (el “mocho” Víctor), procedente del Páramo de Mariño, vivía en el sector Las Cuadras...  Él era quien leía las Novenas y las Letanías en los rezos y velorios.
·         Por último, estaba “el escribano”, José Olivo Ramírez, quien estudiaba primaria en Tovar.

El Escribano
Fue un personaje típico de la Aldea, representado por mi primo José Olivo Ramírez Escalante.  En vista de que en Santa Bárbara, el único que sabía leer y escribir era el mocho Víctor Contreras, “el escribano”, así lo llamaban, quien estaba estudiando primaria en la ciudad y por lo tanto sabía leer y escribir,  los vecinos lo buscaban para que les escribiera, cartas para diferentes destinatarios, especialmente personas que Vivian en Caracas, y al mismo tiempo, leía las correspondencias recibidas por los vecinos.  Por esta actividad le pagan un máximo de un bolívar por carta.  En cuanto a al estilo de redactar o leer una carta, era una característica propia del escribano.
Tuve la oportunidad de ver mítines de los candidatos Rafael Caldera, de Copey, Rómulo Betancourt, de Acción Democrática, Gustavo Machado, del Partido Comunista. En la aldea todos eran copeyanos, algunas señoras bajaban vestidas totalmente de blanco, y algunos hacendados bajaban armados con “varas” o garrotes envueltos en banderas.  En el pueblo había sectores totalmente “adecos”.
Matrimonio de Imelda
En 1946, se casó mi prima Imelda Escalante Soto, hija de mis tíos Agapito Escalante Morales y Raimunda Soto Morales, ambos primos hermanos. El novio fue Sacramento Méndez, un joven jornalero que trabajaba en  Santa Bárbara, cultivando yuca, a medias, era hijo de la señora Transito Méndez, quien vivía en la Quebrada Blanca.
El matrimonio se celebró donde mi tío José Merced, en la casa de arriba, al lado de donde se construyó la escuela y el trapiche.  Los novios subieron, desde la Iglesia del pueblo, acompañados por una gran comitiva de familiares, amigos, vecinos, músicos e invitados. Asistió el sacerdote con un grupo de la Iglesia, comerciantes y familias representativas del pueblo, desde Camposolo vino el violinista Jesús Benerando con su cuatrista Ramón Suarez, y otros músicos del pueblo. Habían aprontado buena cantidad de caballos y mulas para facilitar el traslado de los novios e invitados.
La organización de la fiesta fue apoteósica. Claudia Molina, esposa de tío Merced, Virginia, esposa de Luis González, la esposa de Antoninasio Rosales, Agustina Hernández, la esposa de Eliseo Molina, Raimunda Soto, y otras damas de la aldea y del pueblo, se abocaron a la preparación  del banquete, creo que fue un compartir a base de colaboraciones porque fue  extremadamente abundante y exquisito, parecía una exposición de alimentos, a base de hervidos de res y de gallina, pavos rellenos, gallina estofadas, mechados (asado negro), pescados guisados, canelones y arroz. Por guarnición hubo papas, yuca, apio, plátanos y cambures, acompañados de ensaladas a base de papas, zanahoria, remolacha y huevos sancochados, con cebolla morada, tomates, pepinos, cilantro, aceite y vinagre. De postres hubo frutas, gelatina, natilla, quesillos, ensaladas de frutas, dulces de lechosa, toronja, chayota y otras frutas en almíbar; licores variados: champagne, brandy, vinos, miche, leche de burra y sangría; jugos de frutas, tizanas, café, chocolate y otras exquisiteces. El servicio fue en un inmenso mesón, de 8 o 10 metros de largo, aproximadamente, ubicado en el corredor de la casa. Abundaron las flores, lazos y otros adornos alusivos a la celebración.
Mi tía Raimunda me conto, 35 años después en Tova: “hubo músicos con orquesta y trompetas; dulces, pastas, tortas y bizcochuelos”.
En la tarde se retiró Don Eustaquio Ramírez, llevándose a sus hijos pequeños, muy molesto porque las organizadoras del evento le sirvieron primero a la gente de pueblo y dejaron a los niños y adolescentes de último. Reunió a sus muchachos y les dijo:
“-Vámonos, que en su casa ustedes tienen bastante comida”.
Yo tendría seis o siete años. Ese día, en la tarde, estaba jugando con otros niños en la corraleja, cuando se suscitó una pelea de muchachos. Luis y Ramón, hijos de tío Lorenzo Escalante Morales, me dieron una pasada de golpes, me sacaron el aire y Espíritu les gritaba a sus hermanos,
“-Denle más duro que ese no es hermano de nosotros”. Nadie me protegió.
Los asistentes departieron, bailaron, comieron, bebieron, se divirtieron al máximo y disfrutaron del paseo.  Al anochecer empezaron a irse los invitados del pueblo, los aldeanos  continuaron a fiesta. Fue una extraordinaria experiencia.
Camino hediondo a trabuco
En una navidad le regalaron un frasco de perfume “Tabú”,  a tío Agapito Escalante, Su hermano José Merced Escalante, que le creaba cuentos a todo el mundo, contaba que cuando Agapito iba para alguna fiesta en la aldea, se echaba perfume en los cachetes, y que su esposa Raimunda Soto, decía:
“- Agapito, cuando va para las fiestas deja el camino hediondo a “trabuco”.
En cambio, mi tío Lorenzo Escalante, en vez de perfume, le rociaba kerosene a su sombrero. E tenía mucha fuerza.  Unía dos costales, los llenaba con plátanos y los cargaba utilizando una cincha en la cabeza y una vara como bastón. Se paraba a conversar con alguien y no descansaba la carga.
Por su parte, su hermano Agapito, quien se dedicaba a la tala de árboles, traslado y venta de soleras (vigas) para la construcción de casas en el pueblo, también tenía mucha fuerza.  Transportaba  vigas pesadas, en el hombro, a nivel y a grandes distancias. No las bajaba mientras hablaba con alguien.  En las noches, con unos miches entre pecho y espalda, permanecía durante horas, en un solo pie, recostado en un poste o alguna pared, chupando coquitos que siempre cargaba en sus bolsillos.

Matrimonio de Agapito y Raimunda
En la década de 1930, se casaron mis tíos Agapito y Raimunda, ellos eran primos y tuvieron dos hijas, Imelda y Socorro. Imelda fue una de las pocas personas que sabía leer y escribir en Santa Bárbara.
El día del matrimonio, en la tarde, Agapito entraba al pueblo con una solera al hombro, para a venta. Su hermano José Merced lo vio y le pregunto:
“-¿Bueno, y usted no se va a casar hoy, que hace trabajando a esta hora?”
“-¡Es  para que usted vea lo que hay que trabajar, por una libra de carne!”
Esa noche, se hospedaron en Tovar, en casas de  familia amigas. Donde Eliseo Molina, cuñado de tío Merced, Agapito no podía conciliar el sueño, estaba levantado en la madrugada y su hermano, José Merced, le pregunto:
“-¿Qué hace usted levantado, a esta hora?”
“-Es que estoy mirando la una”, respondió Agapito.
“-¡Carajo, parece pendejo, acaso usted se va a casar con la luna...!”
Después del matrimonio, Raimunda dijo que el sacerdote había comentado que la novia estaba más bonita que la madrina y las damas de honor.

Ambiente profundamente católico
En la aldea Santa Bárbara que yo conocí, y en la cual transcurrió mi niñez y parte de mi adolescencia, al igual que en Tovar y en toda la región de los andes venezolanos, se respiraba un ambiente profundamente católico. Estaba presente en el trabajo y demás actividades cotidianas la cultura de la fe, del intercambio familiar, de la conversión y del perdón. Por eso, los habitantes de la aldea eran más sencillos, equilibrados, capaces de vivir lo que es importante. Donde la felicidad de una persona convivía en su interior.

 








Era un ambiente estupendo. Tanto en la Iglesia como en los hogares se  respiraba un ambiente de paz, de fe y de ayuda a las personas para que estuvieran más contentas. Nuestra gente no rechazaba a Dios, lo amaba, lo buscaba, le pedían bendiciones, querían  que estuviese con ellos, Si tenían problemas llamaban a un sacerdote o pedían un rosario. Todos usaban escapularios.
En todos los hogares había altares con imágenes de los santos más conocidos. No era superstición como algunos iluminados pretendían decirlo, era una realidad, era una comunidad profundamente católica y religiosa. En la casa de la finca Santa Bárbara había una imagen del Santo Niño Atocha.


Los domingos, festividades y en la semana santa, la mayor parte de los habitantes, de la aldea bajaban al pueblo, asistían a la misa y las procesiones en la Iglesia de la Virgen de Regla, Oficiaban las misas el padre Eliseo Moreno y el Monseñor José Humberto Paparoni Bottaro, entre otros.
Las Romerías
En la aldea se celebraban las romerías, en las cuales un santo era paseado por toda la aldea.  En cada hogar se preparaba un altar, en la mañana traían al santo, pernotaba esa tarde y una noche. Al día siguiente lo trasladaban a una familia diferente, y así sucesivamente, hasta recorrer toda a aldea. En la romería Se rezaban rosarios, oraciones y letanías. También se cantaban romances al son de la música del violín, el cuatro, la mandolina o la guitarra. A veces subían músicos del pueblo. Los asistentes disfrutaban de las comidas y brindis que ofrecían los jefes de familia en cada casa.  En las romerías se alternaban el paseo de imágenes o bustos de la Sagrada Familia, San José, San Benito, San Isidro, entre otros. También se acostumbraba las novenas a los santos, según la devoción familiar.
Las Paraduras de Niño
Las paraduras de niño, eran acontecimientos esperados con fe, alegría y entusiasmo, desde el 24 de diciembre hasta el 2 de febrero, día de la Candelaria. Algunas paraduras espectaculares por la pólvora (morteros, voladores y recamaras); la música, la comida y el tradicional brindis a base de bizcochuelos, natilla, gelatina, cinzano y miche, con que agasajaban los amos de las casa a los invitados especiales y a los vecinos visitantes.


La preparación de los pesebres era motivo de gran expectación.  Se organizaban convites para ir al paramo de El  Morro a traer pinos, ramas de laurel y flores. En las riberas de la quebrada La Chita recolectaban lajas, piedras y musgos para armar los nacimientos.  Usaban ramas forradas con periódico y papel de sacos de harina o de cemento, pintados con anilina, asemejando montañas, praderas, llanuras, ríos, lagunas, caminos y sembradíos, adornados con ovejas de anime y algodón, pastores, bambalinas, los santos, los reyes magos, el buey y la mula. .
Los sacerdotes del pueblo asistían a muchos de los eventos que se realizaban en la aldea, tales como confesiones de enfermos, bendiciones de cosechas, inauguraciones, paraduras de niño, rezos y fiestas.

El Niño de La Cuchilla
En varias oportunidades me llevaron a la población de Zea, durante el mes de Septiembre, con motivo de las celebraciones de Día de Las Mercedes y para visitar al Niño de La Cuchilla.
 
El Santo Cristo de La Grita
En una oportunidad, fue a La Grita un grupo familiar, entre otros: mi nona Aracelis, tía María Eva, mis tíos Tito y Agapito, sus esposas y otras personas, con motivo de la celebración del Santo Cristo. Fue la segunda vez que yo viajaba en carro: un autobús Ford 1943, propiedad del señor  Eduviges, quien vivía en el Topón. Me emocione al ver la “M” de Bailadores.
Como pintaban las casas.
       Las casas de la aldea tenían paredes de bareque,  las cuales eran pintadas con cal y “sapolin” de varios colores, usaban brochas de fique. Al recostarnos a las paredes, nos manchábamos la ropa. Esta actividad se realizaba en diciembre, justamente para las festividades navideñas
Enfermedades y tratamientos médicos
Cuando había algún enfermo grave en Santa Bárbara, José Merced Escalante, salía de madrugada desde Tovar y le llevaba, en un frasco, las ”aguas” (orina) del paciente al Dr. Araujo en San José de Acequias, quien miraba el contenido de frasco al trasluz y de acuerdo con su contenido, recetaba los medicamentos.
Tío Merced regresaba , a altas horas de la noche, con las recetas y los respectivos medicamentos, suministrados por el Dr. Araujo. Me acuerdo que traía algunos frascos grandes, cuyo contenido se me parecía a sal de higuera.
Algunos pacientes fueron mi nona Aracelis, tío Agapito entre otros.
.Mis enfermedades
Una vez me corte la mano izquierda con un machete, en la caballeriza, cuando picaba pasto a una yegua. Me aplicaron café negro en polvo para contener la sangre.
En otra oportunidad pise una tabla que tenía un clavo con la punta hacia arriba, y me lavaban la herida con agua caliente , en la cual habían hervido un  pedazo de hierro..
En una ocasión, sufrí calorías (fiebre tifoidea). Me acostaban en una estera, a pleno sol, en el patio de laja. Yo temblaba de frio. Adicionalmente tenía una inflamación en el brazo derecho debido a dos picadas de pitos.
En esa ocasión había un convite para la recolección de café maduro.  Entre los asistentes estaban Bernardino Peña, Alfonsa García, su mama Julia, mi madrina Lucy, algunos de los Jiménez, los Morales, Mercedes Ramírez, Evelia, Oliva, Víctor Contreras, mi tía Raimunda y sus hijas, Víctor Contreras y muchos más.  En la noche bailaban, al ritmo de cuatro, violín, mandolina, marcas y cantos populares,  en el patio de cemento, sobre el cual se construyó la actual casa de la finca Santa Bárbara.
Alfonsa García me suministro pastillas para la fiebre, bebedizos y una crema para as picadas de pitos.  Yo me lamia a crema porque tenía buen olor y sabor ..!
A nivel doméstico, me suministraban bebedizos de ruda para la fiebre y cristales de sábila para la gripe
Los pacientes de Santa Bárbara
A los enfermos los trasladaban en hamaca desde Santa Bárbara hasta el hospital San José en Tovar, el cual estaba ubicado en El Corozo. La hamaca la improvisaban con un a sabana amarrada en dos vigas que eran transportadas por cuatro personas..
Cierto fin de semana, estando donde Las Suarez, en la Calle Igualdad de Tovar, se enfermó mi nona Aracelis y a trasladaron en un auto hasta donde un Dr. en la Calle Bolívar, cerca de la Plaza, donde fue examinada y retorno a casa.  Esta fue la primera vez en mi vida, en la cual me monte en un carro.

La carrera de autos más larga de la historia
Durante el convulsionado año 1948, desde la Loma de Afuera, en las sabanas de la finca de Ezequiel Escalante, a una altura aproximada de 1000 metros sobre el nivel del mar, familiares, amigos y vecinos de la Aldea, se agruparon para divisar desde lo más alto,    la mayor competencia de autos de carreta más larga de todos los tiempos, a cual paso por Tovar. Recorriendo los caminos más precarios, afectados por grandes acontecimientos sociales, políticos y culturales del continente Sudamericano, en la cual se atravesaban diez mil kilómetros entre Buenos Aires y Caracas, surcando el suelo de seis países, Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela.  Iintervinieron los mejores corredores del automovilismo latinoamericano de la época, cuando aún no existían los famosos rallis París-Dakar,
Grandes emociones despertaba entre adultos, jóvenes y niños al ver pasar a gran velocidad a los legendarios Juan Manuel Fangio, los hermanos Gálvez y Domingo Maimón, entre muchos otros corredores.  Un total de ciento treinta y ocho heroicos deportistas se atrevieron a recorrer los diez mil kilómetros entre Buenos Aires y Caracas, distancias que separaban a nuestros pueblos, pero que ellos lograron unir con el rugido de sus motores.
El Gran Premio de la América del Sur transcurrió durante veinte días, y en catorce etapas, haciendo de un sueño una realidad. Numerosas deserciones y accidentes fatales marcaron trágicamente la ruta, así como también acontecimientos que la historia quiso que se cruzaran durante la travesía de la competencia, como el golpe militar en Perú. Quedan en lo más alto, los nombres de corredores que resignaron la gloria del triunfo, por el honor de socorrer a sus compañeros de ruta; y porque la utopía no fue sólo la meta, sino también el camino.
Nos deleitamos viendo pasar los carros, a lo largo de la carretera, desde Bailadores y El Peñón.  Fue un motivo de encuentro y compartir entre los asistentes a este evento.
Hubo un almuerzo familiar, el menú fue un plato a base de Sardinas California, guisadas con papas cocidas, cebolla y tomates, arroz, verduras sancochadas, guarapo de panela y como merienda ofrecieron pan con queso y café

Personas conocidas en la ciudad de Tovar
·         Un señor de nombre Eduviges Rangel, vivía en la Calle Igualdad, al lado de Don Francisco Angulo, donde tenía varios carros en un estacionamiento.  Allí vi por primera vez un autobús. Antes solo había camionetas rancheras y panel para el transporte colectivo.
·         Las Suarez (Consuelo y Alcira), Cuando bajamos al pueblo y por alguna razón era necesario quedarnos, nos hospedamos en su casa, ubicada en la Calle Igualdad. En una oportunidad nos sirvieron el almuerzo.  Al terminar, una de ellas me pregunto:
-¿Mijito, quedo lleno?  Yo les respondí
¡Medio, medio!
·         Isidro Plaza, esposa de María Morales León, tenía una gallera en la misma Calle Igualdad, el tocaba mandolina. En mayo asistía a las conmemoraciones que se celebraban en Palo Cruz
·         Bernardino Peña, novio de Oliva Escalante Morales, urdía cotizas en su casa de La Añil.  Nosotros lo visitábamos. Allí vi por primera vez bombillos de luz eléctrica. Eran grandes, transparentes y con luz amarilla. Su hermano Vicente, fue seleccionado para reemplazar a un jefe civil que habían asesinado en EL Vigía.
·         Isidora Jiménez Plaza, hermana de mi nona Aracelis, también vivía en la Calle Igualdad. Fue a mama de mi madrina Lucy.

Ganado vacuno
En Santa Bárbara había ganado vacuno en las siguientes ubicaciones:
·        Hacienda de los Altuve
·        José Merced Escalante
·        Eustaquio Ramírez
·        Agustina Hernández
·        Antoninasio Rosales
·        Macario Morales tenía un  buey para arar.

Bestias
Las siguientes fincas tenían bestias (caballos, burros y mulas):
·        Tito Escalante, una caballo, una yegua y un burro
·        Los Arellano, 3 bestias
·        Agustina Hernández, 2 bestias
·        Eustaquio Ramírez, un caballo y un burro
·        Hacienda Los Atuve, un burro
·        José Merced Escalante, 5 bestias
·        Luis González, 5 burros.
El caballo que tenía José Tito Escalante se fracturo una pata delantera, razón por a cual su dueño o sacrifico con un tiro de escopeta y enterrado en terrenos de la finca de Agapito Escalante.

Animales domésticos
En todas las fincas había gallinas y gallos, en otras tenian pavos, gallinetas, palomas, cerdos y conejos. Además, en casi todas las casas había perros y gatos.

Cacería
Muchos de los habitantes practicaban la cacería de pavas, monos, picures, lapas, venados

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