CAPITULO VI
RELATOS DE MI INFANCIA
Quienes sabían leer
y escribir. El escribano. El matrimonio de Imelda. Ambiente profundamente religioso las paraduras
de niño. Como pintaban las casas. Enfermedades y tratamientos médicos - el Dr. Araujo de
San José de Acequias. Mis enfermedades. La carrera de autos más larga de la
historia. Personas conocidas en
la ciudad de Tovar. Ganado, bestias, animales domésticos y cacería en Santa
Bárbara.
“Se sabe que el medio humano que rodea a alguien,
Durante los primeros años de su vida, este o no
Formado por
quienes tienen vínculos de parentesco,
Ocasiona impactos casi indelebles y que seguramente
Influirán en
grado importante en el futuro de esa
persona”
Polanco Alcántara, Tomas
(Aproximación a una Biografía Grijalbo, Prologo)
Quienes sabían leer
y escribir.
Yo vivía en
la prehistoria, pues a los 9 años de edad no conocía ni la “o” por lo redondo.
En la aldea no había escuela. Las únicas personas que sabían leer y escribir
fueron las siguientes:
·
Ana Hilda Márquez,
que vivía cerca de la finca de Don Eustaquio Ramírez. Su papa, Eusebio Márquez,
se la llevo para San Cristóbal.
·
Mi prima Ismelda
Escalante Soto, Al casarse con Sacramento Méndez, se mudó para el pueblo.
·
Víctor Cetreras (el
“mocho” Víctor), procedente del Páramo de Mariño, vivía en el sector Las
Cuadras... Él era quien leía las Novenas
y las Letanías en los rezos y velorios.
·
Por último, estaba
“el escribano”, José Olivo Ramírez, quien estudiaba primaria en Tovar.
El Escribano
Fue un
personaje típico de la Aldea, representado por mi primo José Olivo Ramírez
Escalante. En vista de que en Santa Bárbara,
el único que sabía leer y escribir era el mocho Víctor Contreras, “el
escribano”, así lo llamaban, quien estaba estudiando primaria en la ciudad y
por lo tanto sabía leer y escribir, los
vecinos lo buscaban para que les escribiera, cartas para diferentes
destinatarios, especialmente personas que Vivian en Caracas, y al mismo tiempo,
leía las correspondencias recibidas por los vecinos. Por esta actividad le pagan un máximo de un
bolívar por carta. En cuanto a al estilo
de redactar o leer una carta, era una característica propia del escribano.
Tuve la oportunidad
de ver mítines de los candidatos Rafael Caldera, de Copey, Rómulo Betancourt,
de Acción Democrática, Gustavo Machado, del Partido Comunista. En la aldea
todos eran copeyanos, algunas señoras bajaban vestidas totalmente de blanco, y
algunos hacendados bajaban armados con “varas” o garrotes envueltos en
banderas. En el pueblo había sectores
totalmente “adecos”.
Matrimonio de Imelda
En 1946, se
casó mi prima Imelda Escalante Soto, hija de mis tíos Agapito Escalante Morales
y Raimunda Soto Morales, ambos primos hermanos. El novio fue Sacramento Méndez,
un joven jornalero que trabajaba en
Santa Bárbara, cultivando yuca, a medias, era hijo de la señora Transito
Méndez, quien vivía en la Quebrada Blanca.
El
matrimonio se celebró donde mi tío José Merced, en la casa de arriba, al lado
de donde se construyó la escuela y el trapiche.
Los novios subieron, desde la Iglesia del pueblo, acompañados por una
gran comitiva de familiares, amigos, vecinos, músicos e invitados. Asistió el
sacerdote con un grupo de la Iglesia, comerciantes y familias representativas
del pueblo, desde Camposolo vino el violinista Jesús Benerando con su cuatrista
Ramón Suarez, y otros músicos del pueblo. Habían aprontado buena cantidad de
caballos y mulas para facilitar el traslado de los novios e invitados.
La
organización de la fiesta fue apoteósica. Claudia Molina, esposa de tío Merced,
Virginia, esposa de Luis González, la esposa de Antoninasio Rosales, Agustina Hernández,
la esposa de Eliseo Molina, Raimunda Soto, y otras damas de la aldea y del
pueblo, se abocaron a la preparación del
banquete, creo que fue un compartir a base de colaboraciones porque fue extremadamente abundante y exquisito, parecía
una exposición de alimentos, a base de hervidos de res y de gallina, pavos rellenos,
gallina estofadas, mechados (asado negro), pescados guisados, canelones y arroz.
Por guarnición hubo papas, yuca, apio, plátanos y cambures, acompañados de ensaladas
a base de papas, zanahoria, remolacha y huevos sancochados, con cebolla morada,
tomates, pepinos, cilantro, aceite y vinagre. De postres hubo frutas, gelatina,
natilla, quesillos, ensaladas de frutas, dulces de lechosa, toronja, chayota y
otras frutas en almíbar; licores variados: champagne, brandy, vinos, miche,
leche de burra y sangría; jugos de frutas, tizanas, café, chocolate y otras
exquisiteces. El servicio fue en un inmenso mesón, de 8 o 10 metros de largo,
aproximadamente, ubicado en el corredor de la casa. Abundaron las flores, lazos
y otros adornos alusivos a la celebración.
Mi tía
Raimunda me conto, 35 años después en Tova: “hubo músicos con orquesta y
trompetas; dulces, pastas, tortas y bizcochuelos”.
En la tarde
se retiró Don Eustaquio Ramírez, llevándose a sus hijos pequeños, muy molesto
porque las organizadoras del evento le sirvieron primero a la gente de pueblo y
dejaron a los niños y adolescentes de último. Reunió a sus muchachos y les
dijo:
“-Vámonos,
que en su casa ustedes tienen bastante comida”.
Yo tendría
seis o siete años. Ese día, en la tarde, estaba jugando con otros niños en la
corraleja, cuando se suscitó una pelea de muchachos. Luis y Ramón, hijos de tío
Lorenzo Escalante Morales, me dieron una pasada de golpes, me sacaron el aire y
Espíritu les gritaba a sus hermanos,
“-Denle más
duro que ese no es hermano de nosotros”. Nadie me protegió.
Los
asistentes departieron, bailaron, comieron, bebieron, se divirtieron al máximo
y disfrutaron del paseo. Al anochecer
empezaron a irse los invitados del pueblo, los aldeanos continuaron a fiesta. Fue una extraordinaria
experiencia.
Camino hediondo a
trabuco
En una
navidad le regalaron un frasco de perfume “Tabú”, a tío Agapito Escalante, Su hermano José
Merced Escalante, que le creaba cuentos a todo el mundo, contaba que cuando
Agapito iba para alguna fiesta en la aldea, se echaba perfume en los cachetes,
y que su esposa Raimunda Soto, decía:
“- Agapito,
cuando va para las fiestas deja el camino hediondo a “trabuco”.
En cambio,
mi tío Lorenzo Escalante, en vez de perfume, le rociaba kerosene a su sombrero.
E tenía mucha fuerza. Unía dos costales,
los llenaba con plátanos y los cargaba utilizando una cincha en la cabeza y una
vara como bastón. Se paraba a conversar con alguien y no descansaba la carga.
Por su
parte, su hermano Agapito, quien se dedicaba a la tala de árboles, traslado y
venta de soleras (vigas) para la construcción de casas en el pueblo, también
tenía mucha fuerza. Transportaba vigas pesadas, en el hombro, a nivel y a grandes
distancias. No las bajaba mientras hablaba con alguien. En las noches, con unos miches entre pecho y
espalda, permanecía durante horas, en un solo pie, recostado en un poste o
alguna pared, chupando coquitos que siempre cargaba en sus bolsillos.
Matrimonio de
Agapito y Raimunda
En la década
de 1930, se casaron mis tíos Agapito y Raimunda, ellos eran primos y tuvieron
dos hijas, Imelda y Socorro. Imelda fue una de las pocas personas que sabía
leer y escribir en Santa Bárbara.
El día del matrimonio, en la tarde, Agapito entraba al
pueblo con una solera al hombro, para a venta. Su hermano José Merced lo vio y
le pregunto:
“-¿Bueno, y usted no se va a casar hoy, que hace
trabajando a esta hora?”
“-¡Es para que
usted vea lo que hay que trabajar, por una libra de carne!”
Esa noche, se hospedaron en Tovar, en casas de familia amigas. Donde Eliseo Molina, cuñado
de tío Merced, Agapito no podía conciliar el sueño, estaba levantado en la
madrugada y su hermano, José Merced, le pregunto:
“-¿Qué hace usted levantado, a esta hora?”
“-Es que estoy mirando la una”, respondió Agapito.
“-¡Carajo, parece pendejo, acaso usted se va a casar con
la luna...!”
Después del matrimonio, Raimunda dijo que el sacerdote
había comentado que la novia estaba más bonita que la madrina y las damas de
honor.
Ambiente
profundamente católico
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Era un ambiente estupendo. Tanto en la Iglesia
como en los hogares se respiraba un
ambiente de paz, de fe y de ayuda a las personas para que estuvieran más
contentas. Nuestra gente no rechazaba a Dios, lo amaba, lo buscaba, le pedían
bendiciones, querían que estuviese con
ellos, Si tenían problemas llamaban a un sacerdote o pedían un rosario. Todos
usaban escapularios.
Los domingos, festividades y en la semana santa,
la mayor parte de los habitantes, de la aldea bajaban al pueblo, asistían a
la misa y las procesiones en la Iglesia de la Virgen de Regla, Oficiaban las
misas el padre Eliseo Moreno y el Monseñor José Humberto Paparoni Bottaro,
entre otros.
Las
Romerías
En la aldea se celebraban las romerías, en las cuales
un santo era paseado por toda la aldea.
En cada hogar se preparaba un altar, en la mañana traían al santo,
pernotaba esa tarde y una noche. Al día siguiente lo trasladaban a una
familia diferente, y así sucesivamente, hasta recorrer toda a aldea. En la
romería Se rezaban rosarios, oraciones y letanías. También se cantaban
romances al son de la música del violín, el cuatro, la mandolina o la
guitarra. A veces subían músicos del pueblo. Los asistentes disfrutaban de
las comidas y brindis que ofrecían los jefes de familia en cada casa. En las romerías se alternaban el paseo de
imágenes o bustos de la Sagrada Familia, San José, San Benito, San Isidro,
entre otros. También se acostumbraba las novenas a los santos, según la devoción
familiar.
Las
Paraduras de Niño
La preparación de los pesebres era motivo de gran
expectación. Se organizaban convites
para ir al paramo de El Morro a traer
pinos, ramas de laurel y flores. En las riberas de la quebrada La Chita
recolectaban lajas, piedras y musgos para armar los nacimientos. Usaban ramas forradas con periódico y papel
de sacos de harina o de cemento, pintados con anilina, asemejando montañas,
praderas, llanuras, ríos, lagunas, caminos y sembradíos, adornados con ovejas
de anime y algodón, pastores, bambalinas, los santos, los reyes magos, el
buey y la mula. .
Los sacerdotes del pueblo asistían a muchos de
los eventos que se realizaban en la aldea, tales como confesiones de
enfermos, bendiciones de cosechas, inauguraciones, paraduras de niño, rezos y
fiestas.
El Niño
de La Cuchilla
El
Santo Cristo de La Grita
En una oportunidad, fue a La Grita un grupo
familiar, entre otros: mi nona Aracelis, tía María Eva, mis tíos Tito y
Agapito, sus esposas y otras personas, con motivo de la celebración del Santo
Cristo. Fue la segunda vez que yo viajaba en carro: un autobús Ford 1943,
propiedad del señor Eduviges, quien
vivía en el Topón. Me emocione al ver la “M” de Bailadores.
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Como pintaban las
casas.
Las casas de la aldea tenían
paredes de bareque, las cuales eran
pintadas con cal y “sapolin” de varios colores, usaban brochas de fique. Al
recostarnos a las paredes, nos manchábamos la ropa. Esta actividad se realizaba
en diciembre, justamente para las festividades navideñas
Enfermedades y tratamientos médicos
Cuando había
algún enfermo grave en Santa Bárbara, José Merced Escalante, salía de madrugada
desde Tovar y le llevaba, en un frasco, las ”aguas” (orina) del paciente al Dr.
Araujo en San José de Acequias, quien miraba el contenido de frasco al trasluz
y de acuerdo con su contenido, recetaba los medicamentos.
Tío Merced
regresaba , a altas horas de la noche, con las recetas y los respectivos
medicamentos, suministrados por el Dr. Araujo. Me acuerdo que traía algunos
frascos grandes, cuyo contenido se me parecía a sal de higuera.
Algunos
pacientes fueron mi nona Aracelis, tío Agapito entre otros.
.Mis enfermedades
Una vez me corte la mano izquierda con un machete, en la
caballeriza, cuando picaba pasto a una yegua. Me aplicaron café negro en polvo
para contener la sangre.
En otra oportunidad pise una tabla que tenía un clavo con
la punta hacia arriba, y me lavaban la herida con agua caliente , en la cual
habían hervido un pedazo de hierro..
En una ocasión, sufrí calorías (fiebre tifoidea). Me
acostaban en una estera, a pleno sol, en el patio de laja. Yo temblaba de frio.
Adicionalmente tenía una inflamación en el brazo derecho debido a dos picadas
de pitos.
En esa ocasión había un convite para la recolección de
café maduro. Entre los asistentes
estaban Bernardino Peña, Alfonsa García, su mama Julia, mi madrina Lucy, algunos
de los Jiménez, los Morales, Mercedes Ramírez, Evelia, Oliva, Víctor Contreras,
mi tía Raimunda y sus hijas, Víctor Contreras y muchos más. En la noche bailaban, al ritmo de cuatro, violín,
mandolina, marcas y cantos populares, en
el patio de cemento, sobre el cual se construyó la actual casa de la finca
Santa Bárbara.
Alfonsa García me suministro pastillas para la fiebre,
bebedizos y una crema para as picadas de pitos.
Yo me lamia a crema porque tenía buen olor y sabor ..!
A nivel doméstico, me suministraban bebedizos de ruda
para la fiebre y cristales de sábila para la gripe
Los pacientes de Santa Bárbara
A los enfermos los trasladaban en hamaca desde Santa Bárbara
hasta el hospital San José en Tovar, el cual estaba ubicado en El Corozo. La
hamaca la improvisaban con un a sabana amarrada en dos vigas que eran
transportadas por cuatro personas..
Cierto fin de semana, estando donde Las Suarez, en la
Calle Igualdad de Tovar, se enfermó mi nona Aracelis y a trasladaron en un auto
hasta donde un Dr. en la Calle Bolívar, cerca de la Plaza, donde fue examinada
y retorno a casa. Esta fue la primera
vez en mi vida, en la cual me monte en un carro.
La carrera de autos
más larga de la historia
Durante el
convulsionado año 1948, desde la Loma de Afuera, en las sabanas de la finca de
Ezequiel Escalante, a una altura aproximada de 1000 metros sobre el nivel del
mar, familiares, amigos y vecinos de la Aldea, se agruparon para divisar desde
lo más alto, la mayor competencia de
autos de carreta más larga de todos los tiempos, a cual paso por Tovar.
Recorriendo los
caminos más precarios, afectados por grandes acontecimientos sociales,
políticos y culturales del continente Sudamericano, en la cual se atravesaban diez mil kilómetros entre Buenos Aires y Caracas,
surcando el suelo de seis países, Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y
Venezuela. Iintervinieron los mejores corredores del automovilismo latinoamericano de
la época, cuando
aún no existían los famosos rallis París-Dakar,
Grandes emociones despertaba entre adultos, jóvenes
y niños al ver pasar a gran velocidad a los legendarios Juan Manuel Fangio, los
hermanos Gálvez y Domingo Maimón, entre muchos otros corredores. Un total de ciento treinta y ocho heroicos
deportistas se atrevieron a recorrer los diez mil kilómetros entre Buenos Aires
y Caracas, distancias que separaban a nuestros pueblos, pero que ellos lograron
unir con el rugido de sus motores.
El Gran Premio de la América del Sur transcurrió
durante veinte días, y en catorce etapas, haciendo de un sueño una realidad.
Numerosas deserciones y accidentes fatales marcaron trágicamente la ruta, así
como también acontecimientos que la historia quiso que se cruzaran durante la
travesía de la competencia, como el golpe militar en Perú. Quedan en lo más
alto, los nombres de corredores que resignaron la gloria del triunfo, por el
honor de socorrer a sus compañeros de ruta; y porque la utopía no fue sólo la
meta, sino también el camino.
Nos
deleitamos viendo pasar los carros, a lo largo de la carretera, desde
Bailadores y El Peñón. Fue un motivo de
encuentro y compartir entre los asistentes a este evento.
Hubo un
almuerzo familiar, el menú fue un plato a base de Sardinas California, guisadas
con papas cocidas, cebolla y tomates, arroz, verduras sancochadas, guarapo de
panela y como merienda ofrecieron pan con queso y café
Personas conocidas en la ciudad de Tovar
·
Un señor de nombre Eduviges Rangel, vivía en la Calle Igualdad, al lado
de Don Francisco Angulo, donde tenía varios carros en un estacionamiento. Allí vi por primera vez un autobús. Antes
solo había camionetas rancheras y panel para el transporte colectivo.
·
Las Suarez (Consuelo y Alcira),
Cuando bajamos al pueblo y por alguna razón era necesario quedarnos, nos
hospedamos en su casa, ubicada en la Calle Igualdad. En una oportunidad nos
sirvieron el almuerzo. Al terminar, una
de ellas me pregunto:
-¿Mijito, quedo
lleno? Yo les respondí
¡Medio, medio!
·
Isidro Plaza, esposa de María
Morales León, tenía una gallera en la misma Calle Igualdad, el tocaba
mandolina. En mayo asistía a las
conmemoraciones que se celebraban en Palo Cruz
·
Bernardino Peña, novio de Oliva
Escalante Morales, urdía cotizas en su casa de La Añil. Nosotros lo visitábamos. Allí vi por primera
vez bombillos de luz eléctrica. Eran grandes, transparentes y con luz amarilla.
Su hermano Vicente, fue seleccionado para reemplazar a un jefe civil que habían
asesinado en EL Vigía.
·
Isidora Jiménez
Plaza, hermana de mi nona Aracelis, también vivía en la Calle Igualdad. Fue a mama de mi madrina Lucy.
Ganado
vacuno
En Santa Bárbara había ganado vacuno en
las siguientes ubicaciones:
·
Hacienda
de los Altuve
·
José
Merced Escalante
·
Eustaquio
Ramírez
·
Agustina
Hernández
·
Antoninasio
Rosales
·
Macario
Morales tenía un buey para arar.
Bestias
Las siguientes fincas tenían bestias
(caballos, burros y mulas):
·
Tito
Escalante, una caballo, una yegua y un burro
·
Los
Arellano, 3 bestias
·
Agustina
Hernández, 2 bestias
·
Eustaquio
Ramírez, un caballo y un burro
·
Hacienda
Los Atuve, un burro
·
José
Merced Escalante, 5 bestias
·
Luis
González, 5 burros.
El caballo que tenía José Tito Escalante
se fracturo una pata delantera, razón por a cual su dueño o sacrifico con un
tiro de escopeta y enterrado en terrenos de la finca de Agapito Escalante.
Animales
domésticos
En todas las fincas había gallinas y
gallos, en otras tenian pavos, gallinetas, palomas, cerdos y conejos. Además,
en casi todas las casas había perros y gatos.
Cacería
Muchos de los habitantes practicaban la
cacería de pavas, monos, picures, lapas, venados
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