CAPITULO VII
TREMENDURAS Y ACCIDENTES
Quemado en la “pila de carbón” .Herido con un clavo. Caída de una bestia.
Mordido par una cochina. El avispero. El Caballo que le partió el brazo a
Leonardo
Creo que madurar no significa ser una persona seria,
Mucho menos aburrida, madurar es poder jugar,
Tontear, bromear,
hacer sonreír como un niño,
Pero recordando nuestras responsabilidades,
Aceptar que ya no somos niños,
Pero sin olvidar
lo que fuimos.
.Quemado en la “pila de carbón”.
Agapito Escalante Morales producía carbón vegetal de
madera para venderlo, por sacos, en la
ciudad. El proceso consistía en cavar un hueco forma de triángulo de 5 metros
cuadrados, en un terreno inclinado cerca de la casa. Allí armaban una “troja”
con tallos de madera verde entrelazada, se dejaba una ventana con vista al
este, para que el viento mantuviera encendida la pila. En la parte posterior,
entre la pila y la pared se dejaba una separación que servía de chimenea. La
pila estaba cubierta con hojas verdes de cambur y tierra húmeda, que era
apisonada. A medida que se quemaba la madera, la capa de hojas con tierra se
consumía y se hundía, dejando escapar el humo por toda la pila.
Todas las mañanas,
durante dos o tres semanas, Agapito tapaba la pila con más hojas y tierra, y la
pisoteaba, Yo había visto aquel proceso,
Una mañanita corrí a la pila de carbón y me puse a pisotearla, brincando
sobre ella, hasta que me hundió, quemándome el pie derecho con la madera
encendida. Peque un tremendo brinco
acompañado de un desgarrador grito
mañanero. Mis primas me rescataron y hubo el consecuente castigo. El pie se me inflamo y se cubrió con una
enorme vejiga.
Herido con un clavo
En otra oportunidad, con el mismo pie derecho pise una
tabla que tenía un clavo hacia arriba y me cause una tremenda herida punzo
penetrante. Para curarme, las primas
preparaban un lavado a base de agua con hierbas y un pedazo de hierro.
Caída de una bestia
Una tarde, después de “pastear” a la yegua de la casa, me
le monte en “puro pelo” para regresar a casa. Al pasar por debajo de un
guayabo, una rama me pego en el pecho, cayéndome de la bestia, totalmente
desmayado. Me desperté al anochecer, La
yegua estaba pastando mi lado. Era un fiel animal que me cuidaba.
Mordido par una cochina
Me mandaron una mañana a buscar leche en casa de Merced
Escalante Morales. Allá se me ocurrió quitarle un cerdito a una puerca parida.
La puerca me persiguió por el potrero hasta que me alcanzo y me mordió el dedo meñique de la mano derecha.
Casi me lo corta. Por supuesto que le
tire el cerdito.
Por la misma causa. Una perra blanca de Cristina Márquez
modio en una brazo a mi primo Eustaquio Ramírez Escalante,
El avispero
Yo estaba viviendo, temporalmente, en casa de tío Merced,
don también estaba Ana Hilda, hermana de Cristina Márquez. Caminando los tres por un potrero para
visitar a su tía, Eusebia Márquez. Se me ocurrió alborotar a un avispero. Las
avispas nos persiguieron y atacaron sin piedad a mi amiguita Ana Hilda. Hasta allí llego aquella hermosa
amistad. Después a ella se la llevaron
para San Cristóbal y no la volví a ver más.
Un Caballo que le partió el
brazo a Leonardo
Leonardo Ramírez Escalante le
puso un tapaojos un caballo negro que
estaba amarrado en la caballeriza de la casa vieja de los Ramírez y se le
monto. El animal se puso nervioso,
corcoveo y tumbo al muchacho, lo pisoteo, fracturándole un antebrazo. En la
casa solo estaban Leonardo y José Olivo, se acostaron y se arroparon. Cuando llego su mama, los encontró dormidos y
llenos de sangre. Pedro Arellano le
entablillo la mano y quedo tan bien que con el tiempo tocaba cuatro y violín
sin problemas.
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