CAPITULO
VII
MI
DESPEDIDA DE SANTA BARBARA
Llegada de mi madre a Santa Bárbara. Mi
despedida de Santa Bárbara. Partida de Santa Bárbara para Tovar. Partida de
Tovar para Mérida. Partida de Mérida para Caracas
“Deje la casa donde crecí,
Deje la aldea que conocí,
Todo por un mundo que no había visto.
Deje familiares, amigos y vecinos por extraños,
Deje la montaña por la capital y el
mar,
¡Quién pudiera no dejar!”
Llegada de mi mama a Santa Bárbara
En diciembre de 1948, mi mama se presente, con motivo de la
Navidad y las Paraduras de Niño. Su visita obedecía a su interés de llevarme
con ella. Ese día, prácticamente, yo la
estaba conociendo. Fue un choque emocional, su vestimenta y la forma de hablar
era sumamente extraño para mí. Me llevo ropa
y algunos juguetes. Era una situación
sumamente incómoda para mí.
Después de algunas paraduras de
niño y de las visitas familiares de rigor, el 6 de enero de 1949, Día de Reyes, me llevo para Caracas, contra la voluntad de quienes
me habían criado. Sin embargo, he considerado que sacarme del campo, fue el más
grade favor que ella me pudo haber hecho en la vida. Pues, yo vivía prácticamente
como en la prehistoria, no sabía leer ni escribir y solo conocía a vida del
campo.
Triste más
triste de las despedidas
Mi salida del campo fue
dramática. Fue una tarde colmada de llanto y la más triste despedida de mi
vida. Mi madre dijo,
“-¡Bueno, nos vamos!” y empezó a
despedirse
Yo, recordé que el día anterior,
cuando me despedí de mi tía Raimunda Soto, hermana de mi papa, esposa de tío
Agapito, vecina del lugar, quien no trataba a mi madre y molesta porque me
llevaría muy lejos, me recomendó que le dijera a mi madre la siguiente frase en
el momento de la despedida. Entonces yo le dije a mi mama:
-¡yo no me voy con usted porque
usted no me ha criado…!
Más vale que no. Mama reacciono violenta y enardecidamente.
Solo sentí un fuerte golpe en mi boca, cayendo tendido, largo a largo, en el
piso del corredor, al pie del molino de moler café. Mi boca y mi pecho quedaron
cubiertos de sangre.
Mi nona Aracelis, de 75 años, se
agacho, me levanto, me abrazo
fuertemente y colmada de llanto me dijo tristemente:
- ¡Mijto, no me volver a ver más!
Mama le dijo,
-¡En diciembre se lo traigo otra
vez! Cosa que no sucedió.
Partida
de Santa Bárbara para Tovar
Cerca de las 4 de la tarde,
partimos hacia el pueblo de la casa que me vio crecer en Santa Bárbara, con
destino a la ciudad de Tovar, de donde saldríamos para Caracas. Tío Tito nos acompañó.
Bernardina y sus niños se quedaron llorando, sin entender lo que pasaba.
Mama me recriminaba, por el
camino, para que no siguiera “berreando”.
Mis cinco perros, como muestra de
compañerismo, solidaridad y lealtad me acompañaron parte del camino. Uno a uno
se fueron quedando atrás. Solo, mi fiel “Ortelan” nos acompañó hasta mediados de
la Quebrada Blanca. No quiso continuar hasta el pueblo. Más nunca los volví a
ver. Posteriormente, supe que me esperaron echados en el lugar donde jugábamos
en la casona. Ortelan se perdió en la montaña No volvió a la casa y los demás
se fueron muriendo uno a uno de soledad y tristeza.
La Yegua colombiana, en su
inocencia animal, me vio partir. Era la primera vez que yo bajaba para el
pueblo sin llevarla.
Me sentí impotente.
Quise correr y esconderme, pero, tal vez, mi Ángel de la Guarda me
detuvo, haciendo entender que el futuro iba a ser mejor que el pasado. Yo no
tuve la oportunidad de despedirme de todos mis familiares, amigos y vecinos.
Llegamos al pueblo al anochecer.
Nos hospedamos en casa de Las Suarez, en la Calle Igualdad. Muchos años después, el mismo tío Tito me
conto que esa noche en El Topón tomo “miche” sin medida, hasta llegar a
emborracharse y que lloro inconsolablemente. Espero hasta la madrugada que
llegara el transporte que nos conduciría hasta Mérida, para despedirse de su
sobrino y ahijado por última vez.
Pase una noche triste, llorando,
sin poder comer ni dormir,
Mama trajo desde el campo, café,
plátanos, cuatro pollos, quesos y otras cosas que le había dado mi tía María
Eva.
Partida de
Tovar para Mérida
A las 4 de la mañana del día 6 de
enero de 1949, Eliseo Molina, cuñado de tío Merced nos trasladó de Tovar a
Mérida. Tenía una Camioneta Ranchera
Chevrolet, color verde. En otro capítulo aparece este mismo conductor, trayendo
una carta valiosa de tío Merced para mi mama. Fue la tercera vez que me montaba
en un carro. La primera vez fue cuando llevaron a mi nona Aracelis a donde un médico,
a 4 cuadras de la casa de las Suarez, en
Tovar, y la segunda vez fue cuando fuimos a la. Procesión del Santo
Cristo de La Grita,
Partida
de Mérida para Caracas
Nos habíamos hospedado en el Hotel La Sierra, en
Mérida, De allí partimos de madrugada para Caracas, vía Mucuchíes, Timotes y
Valera, donde volvimos a pernoctar. Luego nos hospedamos en Barquisimeto y por
ultimo continuamos viajes hasta Caracas.
El vehículo que nos transporto
era una Camioneta tipo Panel, marca Chevrolet perteneciente al Transporte Copetran,
antecesor de los actuales expresos. Sus asientos eran de madera con cojines,
las ventanas no tenían vidrios sino lonas enrollables con botonadura. En nuestra travesía por el Páramo de
Mucuchíes hacia el Águila, me dio “mal de paramo” y en Apartaderos “mate la
puerca”. Los labios me sabían a caucho y
el malestar era insoportable. Al
recostarme, desmayado, “aplaste” a los pollos que traíamos desde Santa Bárbara.
Los pobres murieron “emparamados”.
El día 10 de enero de 1949, a las
11 de la noche, llegamos a la Caracas.
Fueron cinco días de viaje, de
Santa Bárbara a Caracas. Las carreteras eran pésimas, de tierra, algunos
tramos con granzón y muchas quebradas crecidas. Las inclemencias de clima y las
condiciones mecánicas del transporte retardaron el viaje.
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