martes, 30 de enero de 2018

Capitulo VIII. Mi Despedida de Santa Barbara



CAPITULO VII
MI DESPEDIDA DE SANTA BARBARA

Llegada de mi madre a Santa Bárbara. Mi despedida de Santa Bárbara. Partida de Santa Bárbara para Tovar. Partida de Tovar para Mérida. Partida de Mérida para Caracas

“Deje la casa donde crecí,
Deje la aldea que conocí,
 Todo por un mundo que no había visto.
Deje familiares, amigos  y vecinos por extraños,
Deje la montaña por la capital y el mar,
¡Quién pudiera no dejar!”



Llegada de mi mama a Santa Bárbara

En diciembre de 1948,   mi mama se presente, con motivo de la Navidad y las Paraduras de Niño. Su visita obedecía a su interés de llevarme con ella.  Ese día, prácticamente, yo la estaba conociendo. Fue un choque emocional, su vestimenta y la forma de hablar era sumamente extraño para mí.  Me llevo ropa y algunos juguetes.  Era una situación sumamente incómoda para mí.

Después de algunas paraduras de niño y de las visitas familiares de rigor, el 6 de enero de 1949,  Día de Reyes, me  llevo para Caracas, contra la voluntad de quienes me habían criado. Sin embargo, he considerado que sacarme del campo, fue el más grade favor que ella me pudo haber hecho en la vida. Pues, yo vivía prácticamente como en la prehistoria, no sabía leer ni escribir y solo conocía a vida del campo.

Triste más triste de las despedidas

Mi salida del campo fue dramática. Fue una tarde colmada de llanto y la más triste despedida de mi vida. Mi madre dijo,

“-¡Bueno, nos vamos!” y empezó a despedirse

Yo, recordé que el día anterior, cuando me despedí de mi tía Raimunda Soto, hermana de mi papa, esposa de tío Agapito, vecina del lugar, quien no trataba a mi madre y molesta porque me llevaría muy lejos, me recomendó que le dijera a mi madre la siguiente frase en el momento de la despedida. Entonces yo le dije a mi mama:

-¡yo no me voy con usted porque usted no me ha criado…!

Más vale que no.  Mama reacciono violenta y enardecidamente. Solo sentí un fuerte golpe en mi boca, cayendo tendido, largo a largo, en el piso del corredor, al pie del molino de moler café. Mi boca y mi pecho quedaron cubiertos de sangre.

Mi nona Aracelis, de 75 años, se agacho,  me levanto, me abrazo fuertemente y colmada de llanto me dijo tristemente:

- ¡Mijto, no me volver a ver más!  Mama le dijo,

-¡En diciembre se lo traigo otra vez!  Cosa que no sucedió.

Partida de Santa Bárbara para Tovar

Cerca de las 4 de la tarde, partimos hacia el pueblo de la casa que me vio crecer en Santa Bárbara, con destino a la ciudad de Tovar, de donde saldríamos para Caracas. Tío Tito nos acompañó. Bernardina y sus niños se quedaron llorando, sin entender lo que pasaba.

Mama me recriminaba, por el camino, para que no siguiera “berreando”.

Mis cinco perros, como muestra de compañerismo, solidaridad y lealtad me acompañaron parte del camino. Uno a uno se fueron quedando atrás.  Solo, mi fiel “Ortelan” nos acompañó hasta mediados de la Quebrada Blanca. No quiso continuar hasta el pueblo. Más nunca los volví a ver. Posteriormente, supe que me esperaron echados en el lugar donde jugábamos en la casona. Ortelan se perdió en la montaña No volvió a la casa y los demás se fueron muriendo uno a uno de soledad y tristeza.

La Yegua colombiana, en su inocencia animal, me vio partir. Era la primera vez que yo bajaba para el pueblo sin llevarla.

Me sentí impotente.  Quise correr y esconderme, pero, tal vez, mi Ángel de la Guarda me detuvo, haciendo entender que el futuro iba a ser mejor que el pasado. Yo no tuve la oportunidad de despedirme de todos mis familiares, amigos y vecinos.
Llegamos al pueblo al anochecer. Nos hospedamos en casa de Las Suarez, en la Calle Igualdad.  Muchos años después, el mismo tío Tito me conto que esa noche en El Topón tomo “miche” sin medida, hasta llegar a emborracharse y que lloro inconsolablemente. Espero hasta la madrugada que llegara el transporte que nos conduciría hasta Mérida, para despedirse de su sobrino y ahijado por última vez.

Pase una noche triste, llorando, sin poder comer ni dormir,

Mama trajo desde el campo, café, plátanos, cuatro pollos, quesos y otras cosas que le había dado mi tía María Eva.

Partida de Tovar para Mérida

A las 4 de la mañana del día 6 de enero de 1949, Eliseo Molina, cuñado de tío Merced nos trasladó de Tovar a Mérida.  Tenía una Camioneta Ranchera Chevrolet, color verde. En otro capítulo aparece este mismo conductor, trayendo una carta valiosa de tío Merced para mi mama. Fue la tercera vez que me montaba en un carro. La primera vez fue cuando llevaron a mi nona Aracelis a donde un médico, a 4 cuadras de la casa de las Suarez, en  Tovar, y la segunda vez fue cuando fuimos a la. Procesión del Santo Cristo de La Grita,


Partida de Mérida para Caracas

 Nos habíamos hospedado en el Hotel La Sierra, en Mérida, De allí partimos de madrugada para Caracas, vía Mucuchíes, Timotes y Valera, donde volvimos a pernoctar. Luego nos hospedamos en Barquisimeto y por ultimo continuamos viajes hasta Caracas.
El vehículo que nos transporto era una Camioneta tipo Panel, marca Chevrolet perteneciente al Transporte Copetran, antecesor de los actuales expresos. Sus asientos eran de madera con cojines, las ventanas no tenían vidrios sino lonas enrollables con botonadura.  En nuestra travesía por el Páramo de Mucuchíes hacia el Águila, me dio “mal de paramo” y en Apartaderos “mate la puerca”.  Los labios me sabían a caucho y el malestar era insoportable.  Al recostarme, desmayado, “aplaste” a los pollos que traíamos desde Santa Bárbara. Los pobres murieron “emparamados”.

El día 10 de enero de 1949, a las 11 de la noche, llegamos a la Caracas.  Fueron cinco días de viaje, de Santa Bárbara a Caracas. Las carreteras eran pésimas, de tierra, algunos tramos con granzón y muchas quebradas crecidas. Las inclemencias de clima y las condiciones mecánicas del transporte retardaron el viaje.

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